El mísmo día que conocí a Antonio fuí consciente de su capacidad y su genio para la música, debido a que, al contarle la idea de un corto que me rondaba por la cabeza, se puso de improviso a tocar al piano una melodía que le hubiera sentado a la historia como un guante. Y supe que la había improvisado en el intervalo de apenas unos minutos, mientras yo le daba explicaciones.

Creo que desde aquella melodía que se ha perdido en el tiempo comencé a profesarle un amor (artístico, por supuesto) eterno.

Desde que nos conocemos hemos retroalimentado y desarrollado mutuamente algunas de nuestras facetas creativas, pero la idea de que las preciosas melodías de piano que pueblan su rica imaginación fueran plasmadas en un disco pronto se abrió paso para mi como una prioridad necesaria, que explotase esa capacidad suya de conmover y crear paisajes musicales únicos y hermosos todavía hoy apenas explorados.

Como sucede a menudo en aquellos que poseen un don que el resto de lo mortales solo sueña, Antonio no suele darle la importancia que yo le otorgo, y sin embargo su anhelo abarca el crear sin descanso y ver el objeto de su creación físicamente tangible, siempre con un próximo proyecto en ciernes ya antes de terminar el anterior, como el fin último, o al menos el fin más real, dejando al margen muchas veces los caprichos o necesidades del necesario mercado.

En un momento en el que la calidad musical y la variedad de todo lo que diariamente nos bombardea en los medios tiende a una suerte de uniformidad acordada por los dictámenes de las modas y las leyes de la oferta y la demanda, un disco como este supone una pequeña gota discordante, llena de talento e ideas que saben a tradicional y moderno a partes iguales pero cuya melodía enraíza directamente con gustos y sentimientos básicos que todos compartimos.

Espero que a todo aquel que lo escuche, les produzca sensaciones similares a las que en mi despierta, pues es una música que parece jugar con las cuerdas del alma pulsando en ocasiones teclas básicas de sentimientos casi olvidados.

Este es un disco para tener, guardar, escuchar con tranquilidad, sin abusar de él, saborearlo en intervalos de calma de nuestra vida en los que de verdad podamos estar centrados en su disfrute. Es en mi opinión un disco para regalar a quien queramos o quien amemos como expresión de nuestro cariño y deseo de lo mejor para él o ella.

Es música fresca, pura, amable, comprensible y directa, que nos deja siempre con ganas de más.
Se trata, en esencia, de un disco honesto, humilde, hecho con el mimo de lo artesanal, de lo que se hace en casa con cariño y cuidado, poniendo la atención y el detalle que merece una obra de arte que desea ser compartida con el mundo, que desea emocionar a quien pueda escucharla.

Quizás el entusiasmo que muestro por él pueda parecer excesivo, pero no miento si afirmo que se trata del proyecto más hermoso e ilusionante en el que me he involucrado hasta ahora con Antonio, y espero que sea el primero de muchos discos que nos dejen, uno tras otro, con la boca abierta y el corazón lleno de orgullo a quienes conocemos a su autor y hayamos tenido algo o mucho que ver con su realización.

 

Javier Fernández - Producción, maquetación y diseño, mezcla y masterización, diseño web.

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